sábado, 31 de diciembre de 2016

YO QUERÍA QUE LAS COSAS CAMBIEN, ASÍ QUE EMPECÉ POR MI

YO QUERÍA QUE LAS COSAS CAMBIEN, ASÍ QUE EMPECÉ POR MI

Empecé por aceptar que mis padres hicieron lo mejor que podían hacer por nosotros con el entendimiento y conciencia que tenían.

Perdono, agradezco y suelto!!

Me re encontré y abrace a mi niña interior en un intenso, emotivo y hermoso encuentro me abracé, me di un beso, me abracé más fuerte.

Me perdoné, me liberé, me amé y sigo soltando!!!

Hice las pases, agradecí y perdoné a mis ancestros. Sane mi linaje materno y mi linaje paterno con respeto, con dolor, con conciencia, con amor.

Me atreví a perdonar y Suelto!!!

Comencé a convertirme en Observadora de toda mi vida, sin juicios, sin creencias…

Solo observo, me libero y suelto!!!

Empecé por perdonar y agradecer a cada persona que está y estuvo en mi vida.

Me libero y sigo soltando!!!

Doy un nuevos significados a mi pasado, amo y disfruto mi presente y no me preocupo del futuro.
Soy la única responsable de mi vida!!!

Agradezco a todos mis espejos que me muestran y enseñan todo lo que no podía ver por mi misma, así entro en mi inconsciente y me sano. Aprendo y entiendo que todo lo que vivo y experimento en mi vida es un maravilloso reflejo de mi misma, así que no tiene sentido seguir escapando de mi.

Agradezco mi realidad y suelto!!!

Dejé de ser victima y culpar a otros, empecé por ser la única protagonista de mi maravillosa y bendecida vida. Veo amor y siento agradecimiento por todo lo que me rodea.

Eso me libera y sigo soltando!!!

Estoy conociendo y valorando la Abundancia y la Prosperidad, antes no la veía ni la sentía, ahora la veo y la siento por todas partes.

Agradezco, la valoro y la recibo con amor...

Soy Mujer, soy Madre, soy Esposa, soy Hija, soy Amiga, soy luz…

Así que a todas las personas que comparten su vida con la mía, con la de mi amado esposo y mi amada hija.

Gracias, gracias, gracias
Los amo, los amo, los amo

María José Sáez

sábado, 24 de diciembre de 2016

“Un gran tigre Blanco y su escalera a la Luna”


“Un gran tigre Blanco y  su escalera a la Luna”

Hace muchos años existió un hermoso Tigre Blanco, segundo hijo de una familia de Tigres amarillos con rayas negras, pero él nació blanco como la nieve pero también con rayas negras, vivía libre en la selva, le gustaba saltar de un árbol al otro y pasar tiempo con sus amigos.

Su hogar era una cueva modesta hecha por sus padres, suficiente para la familia de Tigres. Los papás Tigres hicieron afuera de su cueva un gran charco de agua para que sus pequeños puedan jugar y chapotear a cualquier hora del día.

El pequeño Tigre Blanco era inquieto, juguetón, valiente, travieso, fantasioso y creativo. Vive trepado de los árboles más altos, saltando de una rama a otra, jugando todo el día, imaginando como será el día siguiente de divertido, planificando como convencer al resto de sus hermanos para hacer una gran escalera que lo lleve a la Luna.

Sus hermanos no ven la vida como él se las cuenta, son más precavidos y racionales, les gusta jugar con él, pero se sienten cansados y fatigados al llegar la tarde, mientras que él hermoso Tigre Blanco sigue maquinando su llegada a la Gran Luna Llena, se ve en la obligación de contar sus planes de una manera que cautive a todos, tanto así que se mete en una fantasía tan maravillosa que cautiva oírla, así, hace amigos de otras especies y les engancha en sus fantásticos planes para hacer su escalera. Sus aliados para la construcción de una enorme escalera fue un “Oso Perezoso” que tenía muchas dudas de todo pero más grande era su curiosidad y su cariño a su nuevo amigo, una “Ardilla Parlanchina” que confiaba en los brillantes planes y que le gustaba opinar en cada fase y un Águila analítica, que era la voz de la responsabilidad. Juntos crearon un gran clan de amigos inseparables. 

Los grandes amigos empezaron la construcción de su escalera, juntaron por varios días palos y sogas que la selva amorosamente les regalaba, cada noche al acostarse el Tigre Blanco contaba a su familia las anécdotas del día, pero la familia no muchas veces le creía, pensaban que eran fantasías de su pequeño hijo. Pero el pequeño Tigre Blanco cada noche continuaba sus fantásticas historias, agregaba a sus relatos detalles mágicos para captar más atención. Así pasaron los días, las semanas y los meses y las historias eran cada vez más mágicas para él.

El gran clan de amigos, construyó la escalera deseada por mucho tiempo, un día cuando pensaban que estaban a punto de llegar a la gran Luna Llena llegó una manada de elefantes al vecindario y por accidente destruyeron con sus grandes patas la delicada escalera que subía al cielo. Fue un momento muy triste para todos, el pequeño tigre blanco perdió la ilusión de llegar a su ansiada Luna Llena, lloró por muchos días, estaba frustrado y sentía que nadie entendía su gran dolor. Todo el mundo le decía que no era tan importante ese incidente y que no era para tanto, a él le dolía aún más que sus padres no hayan visto su gran escalera que casi llegaría al cielo, tantos días y meses de hablar de su gran trabajo y no lo vieron. 

Así pasaron los meses, que parecían años en la vida del pequeño Tigre Blanco, y se fue acostumbrando a ver los palos y sogas de su escalera botados y rotos, a nadie parecía importar, todo el mundo siguió su vida cotidiana, incluso el adoptó llevar una vida tranquila, no tan creativa ni aventurada, seguía jugando con sus amigos, aunque en el fondo se sentía molesto con todos, seguía llegando cada noche a su casa a relatar sus historias, a veces inventaba historias fantásticas para captar más atención y a veces simplemente las contaba como fueron.

Poco a poco el Tigre Blanco fue desarrollando un miedo a construir o hacer cualquier cosa, ya no se creía capaz de soñar.

Paso el tiempo, el Tigre creció, sus amigos hicieron sus vidas, sus hermanos se fueron a vivir a nuevas selvas, sin embargo el no se alejo mucho.

Una noche despejada, el ahora Gran Tigre Blanco, contemplaba la Luna, una Luna que aún no brillaba plenamente, en el silencio de la selva, se acercó muy despacio un elefante y se echó a su lado.

El Elefante le dice: yo te conozco, tu eres el soñador que contaba fantásticas historias acerca de una escalera que le llevaría a la Luna Llena, verdad?

El Tigre Blanco lo regresa a ver con asombro y le responde:

        -    Si, ese era yo.

-       ¿Que paso con tu escalera? seguro te tomo trabajo armarla nuevamente, en mi manada siempre se habló de ello. Pensamos que quizás la volviste a armar.

-       No, no lo hice.

-       ¿Porque?

-       Creo que no era tan importante, dependía de mis amigos para empezar y ya no quisieron hacerlo, con el tiempo me olvide de ello.

-       ¿Y que estas haciendo ahora?

-       A veces cuando la Luna se está haciendo grande, vengo a contemplarla.

-       O sea, no lo has olvidado..

-       Olvidado de que?

-       De tu gran sueño, no pretendas que los demás entiendan tus sueños, nunca lo harán, ya que eso te pertenece a ti, no por malos o por hacerte daño, simplemente no son sus sueños, son los tuyos…

Así pasaron muchas lunas después de la conversación y cada cierto tiempo se encontraban para hablar.

Un buen día el Gran Tigre Blanco no apareció más en su habitad, paso el tiempo y muchos se preguntaban que había pasado con él, no era usual que no regrese a casa.

Su familia y sus amigos lo esperaban siempre en el mismo lugar donde él contemplaba a la Luna, hasta que un día de Luna Llena miraron al horizonte y sobre la montaña más alta de todas pudieron ver la silueta de su valiente, creativo y fantasioso Tigre Blanco alcanzando su soñada Luna Llena.


 María José Sáez
Dedicado a mis hermanos David y Ana


domingo, 15 de marzo de 2015

MI PRIMER ENCUENTRO CON LA MATERNIDAD




Muchos mitos se vinieron abajo el momento que tuve a KHALEESI entre mis brazos.
Siempre me hablaban de lo horroroso que era convertirse en madre, empezando con lo terrible y doloroso que podía ser un parto normal, solo recordaba el relato de parto de mi mamá y automáticamente me hacía a la idea de que si iba a tener hijos lo haría por cesárea. Mucho escuché de las malas noches, del poco o nulo tiempo que iba a tener para mi, de los llantos, de los gases, de los berrinches, de NO acostumbrar a mi bebé a mis brazos, de cómo debo hacerlo dormir en su cuarto desde que nace...
Confieso que antes de ser mamá me aterraba la idea de tener una vida llena de todas estas cosas de las que casi todo el mundo me habló...
Bueno, hoy cumplimos 1 año y 4 meses desde que empecé a maternar y creo que debo compartir algo de este camino, aunque sea un poco, como retribución y gratitud a la vida.
¿Algo cambió desde que nació Khaleesi?
Cambió todo, si, TODO.
Y doy gracias a la vida porque recién a mis 33 años todo tiene sentido, encontré de cierta manera las respuesta a tantas preguntas, tengo un nuevo sentido de vida, por primera vez me enfrente a mis sombras de la manera más real, más dura y más consciente.
Mi parto fue una experiencia sublime, de otro mundo, que no tuvo nada que ver con lo que cuentan las pelis, los relatos de mi mamá, de mis amigas o de los libros. No, nada que ver. Mi parto fue el encuentro con el lado animal del que nadie me habló. Khaleesi supo cómo y cuándo salir de mi, en sus tiempos, con su gran fuerza y sabiduría pero a través de mi cuerpo, un cuerpo que la sintió, la cuidó, la vio crecer por exactamente 40 semanas. Y como mujer de Luna que es, esperó a su Luna Llena para ver la luz.
Si, el parto fue doloroso, pero eso no fue realmente lo importante ni es un punto que resaltar, fue necesario para tenerla en mis brazos; no se si fue largo o corto, eso tampoco importa, una vez que entras en ese camino el tiempo pierde sentido, normalmente estamos tan acostumbrados a los horarios, a medir los objetivos con cronómetro, a saber que de tal hora a tal hora debe pasar tal cosa, pero cuando entras en este trance de tiempo sin tiempo tu vida, a la cual estás acostumbrada, se derrumba.
Cuando mi Khaleesi salió sentí que me partí en dos. Y al reflexionar hoy digo que si, me partí en la mujer que era antes del parto y en la mujer, mamífera, madre que soy ahora. Nunca más me uní.
Mi cuerpo, mi mente, mi María José de antes del parto quedó quizás en esa cálida y amorosa sala de parto. Allí empecé a romper mitos e historias, desde las 2am de un 15 de noviembre.
No recuerdo muchas cosas de mi parto, pero recuerdo muy bien cuando Khaleesi salió: la cargue en mi pecho, piel con piel, nos miramos, nos conocimos de otra manera, ella tan serena, viéndome, reconociéndome, sintiéndome de otra manera, juro que nunca en toda mi vida he tenido un momento de tanta paz como en ese instante. Ella salió, me miró y el mundo en el que vivía se transformó....
Es verdad que el minuto en que miras y sientes por primera vez a tu hijo renaces de muchas maneras, y mucho de ti se transforma en otro ser.
Yo elegí tener un parto distinto a lo que el mundo me había enseñado,  mi corazón me lo pedía, lejos de hospitales, lejos de camillas, de prácticas protocolares, de gente desconocida. Nos aventuramos a elegir parir respetuosamente, acompañada de mi mejor amigo: mi amado esposo, que me cuido y me sostuvo sin desmayo, que me brindó seguridad y amor desbordante en los momentos más difíciles y desconocidos, el hombre que estaba también por convertirse en padre, el padre de Khaleesi, el hombre al cual también le cambió la vida, el hombre que cortó el cordón umbilical que unía madre con hija para luego bañarse con ella y reconocerse como papa-bebé.
Como todo lo que Khaleesi trae a mi vida, así de mágico y bello, conocimos a la Sammy, mi Sammy, una mujer maravillosa que fue mis ojos, mis brazos, a ratos mi razón, fue mi luz en el parto y hoy, 1 año 4 meses después, sigue iluminado nuestros caminos.
Si, definitivamente soy otra mujer, soy otra persona, mi encuentro con la maternidad despertó un nuevo propósito de vida, quizás el que siempre busqué.
Ahora no importa a donde me lleve el camino, siempre regreso a mi paz, a mi luz, a mi Khaleesi.